Encendiendo motores
9, 23 de 2006-04-23 de 2006
Konnichiwa!! Hola a todos desde Japón, la tierra del manga y de las geishas, del budo y del sakura, de los samurais y de la informática del futuro, de la ceremonía del té y de godzilla luchando contra robots.
Hace ya tres semanas que llegué aquí, pero no he tenido demasiado tiempo para escribir esta bitácora (o blog). ¡¡Y es que es tan duro vivir aquí como estudiante!! Desembarcar en un país desconocido y comenzar a vivir requiere enormes cantidades de tiempo, esfuerzo y energías, pero vale la pena totalmente.
Ya que empezamos voy a resumiros un poco qué me ha pasado en estas tres semanas.
El viaje comenzaba el 27 de marzo de 2006, saliendo de Pamplona a las 6.50 de la mañana a Madrid, Barajas. De ahí, cogía el vuelo a las 12.10 hasta Londres, Heathrow, donde cogía un vuelo directo en un Boeing - 747 hasta Tokyo , a donde llegaba el martes 28 de marzo a las 11 de la mañana, aproximadamente. Ahí tenía que coger el Narita Express (tren de cercanías hasta la estación de Tokyo) y ahí coger el Shinkansen (tren bala) hasta Kyoto, donde tenía que llegar a la Universidad de Kyoto de Estudios Extranjeros antes de las 17.00 si quería que me diesen la llave de la residencia ese día y no tener que dormir en un hotel.

Los enlaces aéreos de mi vuelo. Como veis, subo hasta el Ártico, atravieso toda Siberia y bajo por Mongolia hasta mi Nihon :)
La ruta de mi vuelo Pamplona-Barajas-Heathrow-Narita es un buen ejemplo de lo falsos que son los mapas que estamos acostumbrados a utilizar (Mercator). La ruta realizada parece en principio absurda, ya que en lugar de realizar una línea recta, subimos mucho hacia el norte para después volver a bajar. Pero esto es porque los mapas de este tipo, Mercator, distorsionan completamente las distancias, y, como podéis ver, la distorsión es mayor conforme más se acerca uno a los polos, ya que el planeta es casi esférico, aunque un poco achatado por los polos, especialmente en el Polo Norte.
Si queréis comprender cómo funcionan las rutas reales podeís coger un globo terráqueo y estirar un cordel desde un continente a otro. Si lo hacéis sobre el Ecuador no notaréis diferencia respecto a la ruta intuida porque los mapas Mercator mantienen una buena proporción ahí. Pero si lo haceis cerca de los polos vereis cómo la ruta se acorta curvándose, hasta encontrar la mínima distancia mínima. Esta distancia mínima sobre una superficie esférica se llama Círculo Máximo, y es fundamental para el funcionamiento de las aerolíneas, los satélites, la meteorología, las telecomunicaciones y la Inteligencia militar (para el abastecimiento de tropas en el extranjero y el uso de misiles intercontinentales, entre otras cosas).
Durante el vuelo subí más arriba de Moscú y poco después pude ver bloques de hielo que brillaban hasta cegar cuando sobrevolaba el Ártico. Cuando llegué a Mongolia pude ver el desierto del Gobi, amarillo y al bajar hacia China vi las enormes extensiones de loess que acompañan al Río Amarillo (Huáng Hé, 黃河) en su curso medio, aunque eso ya era cuando amanecía y no pude fijarme mucho. Fue increíble.
Aquí tenéis mis vuelos con un mapa que respeta la forma esférica de la Tierra:

Si quereis más información, podeis visitar la página del Great Circle Mapper.
El viaje o los problemas de ser occidental en un vuelo a Japón
En Barajas, la chica de la facturación de British Airways estaba convencida de que había un error en los billetes e iba a llamar a la central.
- El billete es hasta Londres y de ahí a Tokyo..., y ¿la fecha de regreso es en.. marzo? - dice ella.
- Sí. - digo. En los billetes, el año no está indicado.
- Tiene que haber un error.
- No, está bien.
- ¿Vas a estar sólo unos días en Japón?
- No, la fecha de regreso es marzo pero del año que viene. Voy a estar un año en Japón.
- ¿¿Un año?? ¿En Japón? ¿Tú solo?
- Sí.
- ¿Y a qué vas?
- A estudiar.
- Qué valiente. Por aquí no he visto a nadie que haya hecho esto. - Dice, como disculpándose.
Lo cierto es que sí que ha habido otras personas que han hecho esto, un par de chicos de Pamplona y de Barcelona unos cuántos más, al menos en la KUFS (mi Uni nipona). Pero impresiona un poco que una persona que se supone que deba estar acostumbrada a vuelos internacionales se sorprenda así de este viaje, será que, verdaderamente, no hay muchos estudiantes que vayan a Japón cada año. Si hay unas 6 universidades niponas que tienen becas de intercambio con España, y de cada una va una media de 3 o 4 estudiantes, al final, cada año sólo unos 20 estudiantes viajarán a Japón. Y si hay unas 15 compañías de vuelos internacionales operando en Barajas, por cada mostrador pasará una media de un estudiante al año o dos, como mucho.
Aunque estos datos son solamente recolectados "a ojo" de lo que he estado viendo y me han contado.
En el vuelo a Londres ya comienzan los problemas. Tardamos casi una hora en despegar desde la nueva terminal de Barajas, mientras esperamos sentados y con los cinturones abrochados. Eso me agobia porque tengo muy poco tiempo de margen para coger el siguiente avión en Heathrow hasta Tokyo, y como se retrase el vuelo Madrid-Londres lo puedo perder.
Al final despegamos y sobre el Golfo de Vizcaya ya comienzo a mirar el reloj cada cinco minutos. No me va a dar tiempo, pienso.
Llegamos a Londres y cuando tengo que entrar en las terminales de vuelos internacionales, hay una cola inmensa. Por lo menos quinientas personas llenando el hall londinense mientras unas azafatas intentan poner calma. De repente, veo que una azafata comienza a hablar con una enorme familia de viejos japoneses, todos con gorra, que me acompañaban en el avión desde Madrid y comienzan a abrirles paso especial porque si no, no llegan al vuelo a Tokyo. Yo me meto dentro del grupo y todos los occidentales del hall me miran mal, porque soy el unico no asiático en el grupo de los abuelos. Pensarán que me he colado, pero nadie dice nada, hasta que de repente aparece una azafata de Heathrow de la nada y me impide pasar, mientras grita "Stop!! Stop!!".
Los del hall ya comienzan a murmurar, los abuelos se están alejando y se está montando a mi alrededor un follón de mil cojones cuando quedan menos de 7 minutos para que salga mi vuelo a Tokyo. Finalmente, consigo explicarle que REALMENTE voy a Narita, Tokyo y me dejan pasar. Y consigo llego con la mochila, el portátil, el anorak y todo lo que no me cabe en la maleta o no quiero dejar ahí, a toda hostia, al avión, tras los últimos tres avisos de advertencia, cuando ya estaban a punto de cerrar las puertas.
Al final, rodeado de decenas de escolares nipones que viajan conmigo en el avión, consigo relajarme y respirar aliviado mientras ascendemos y dejamos atrás Londres, sobrevolando el Canal de La Mancha hacia el Este. Siempre hacia el Este.
Hace ya tres semanas que llegué aquí, pero no he tenido demasiado tiempo para escribir esta bitácora (o blog). ¡¡Y es que es tan duro vivir aquí como estudiante!! Desembarcar en un país desconocido y comenzar a vivir requiere enormes cantidades de tiempo, esfuerzo y energías, pero vale la pena totalmente.
Ya que empezamos voy a resumiros un poco qué me ha pasado en estas tres semanas.
El viaje comenzaba el 27 de marzo de 2006, saliendo de Pamplona a las 6.50 de la mañana a Madrid, Barajas. De ahí, cogía el vuelo a las 12.10 hasta Londres, Heathrow, donde cogía un vuelo directo en un Boeing - 747 hasta Tokyo , a donde llegaba el martes 28 de marzo a las 11 de la mañana, aproximadamente. Ahí tenía que coger el Narita Express (tren de cercanías hasta la estación de Tokyo) y ahí coger el Shinkansen (tren bala) hasta Kyoto, donde tenía que llegar a la Universidad de Kyoto de Estudios Extranjeros antes de las 17.00 si quería que me diesen la llave de la residencia ese día y no tener que dormir en un hotel.

Los enlaces aéreos de mi vuelo. Como veis, subo hasta el Ártico, atravieso toda Siberia y bajo por Mongolia hasta mi Nihon :)
La ruta de mi vuelo Pamplona-Barajas-Heathrow-Narita es un buen ejemplo de lo falsos que son los mapas que estamos acostumbrados a utilizar (Mercator). La ruta realizada parece en principio absurda, ya que en lugar de realizar una línea recta, subimos mucho hacia el norte para después volver a bajar. Pero esto es porque los mapas de este tipo, Mercator, distorsionan completamente las distancias, y, como podéis ver, la distorsión es mayor conforme más se acerca uno a los polos, ya que el planeta es casi esférico, aunque un poco achatado por los polos, especialmente en el Polo Norte.
Si queréis comprender cómo funcionan las rutas reales podeís coger un globo terráqueo y estirar un cordel desde un continente a otro. Si lo hacéis sobre el Ecuador no notaréis diferencia respecto a la ruta intuida porque los mapas Mercator mantienen una buena proporción ahí. Pero si lo haceis cerca de los polos vereis cómo la ruta se acorta curvándose, hasta encontrar la mínima distancia mínima. Esta distancia mínima sobre una superficie esférica se llama Círculo Máximo, y es fundamental para el funcionamiento de las aerolíneas, los satélites, la meteorología, las telecomunicaciones y la Inteligencia militar (para el abastecimiento de tropas en el extranjero y el uso de misiles intercontinentales, entre otras cosas).
Durante el vuelo subí más arriba de Moscú y poco después pude ver bloques de hielo que brillaban hasta cegar cuando sobrevolaba el Ártico. Cuando llegué a Mongolia pude ver el desierto del Gobi, amarillo y al bajar hacia China vi las enormes extensiones de loess que acompañan al Río Amarillo (Huáng Hé, 黃河) en su curso medio, aunque eso ya era cuando amanecía y no pude fijarme mucho. Fue increíble.
Aquí tenéis mis vuelos con un mapa que respeta la forma esférica de la Tierra:

Si quereis más información, podeis visitar la página del Great Circle Mapper.
El viaje o los problemas de ser occidental en un vuelo a Japón
En Barajas, la chica de la facturación de British Airways estaba convencida de que había un error en los billetes e iba a llamar a la central.
- El billete es hasta Londres y de ahí a Tokyo..., y ¿la fecha de regreso es en.. marzo? - dice ella.
- Sí. - digo. En los billetes, el año no está indicado.
- Tiene que haber un error.
- No, está bien.
- ¿Vas a estar sólo unos días en Japón?
- No, la fecha de regreso es marzo pero del año que viene. Voy a estar un año en Japón.
- ¿¿Un año?? ¿En Japón? ¿Tú solo?
- Sí.
- ¿Y a qué vas?
- A estudiar.
- Qué valiente. Por aquí no he visto a nadie que haya hecho esto. - Dice, como disculpándose.
Lo cierto es que sí que ha habido otras personas que han hecho esto, un par de chicos de Pamplona y de Barcelona unos cuántos más, al menos en la KUFS (mi Uni nipona). Pero impresiona un poco que una persona que se supone que deba estar acostumbrada a vuelos internacionales se sorprenda así de este viaje, será que, verdaderamente, no hay muchos estudiantes que vayan a Japón cada año. Si hay unas 6 universidades niponas que tienen becas de intercambio con España, y de cada una va una media de 3 o 4 estudiantes, al final, cada año sólo unos 20 estudiantes viajarán a Japón. Y si hay unas 15 compañías de vuelos internacionales operando en Barajas, por cada mostrador pasará una media de un estudiante al año o dos, como mucho.
Aunque estos datos son solamente recolectados "a ojo" de lo que he estado viendo y me han contado.
En el vuelo a Londres ya comienzan los problemas. Tardamos casi una hora en despegar desde la nueva terminal de Barajas, mientras esperamos sentados y con los cinturones abrochados. Eso me agobia porque tengo muy poco tiempo de margen para coger el siguiente avión en Heathrow hasta Tokyo, y como se retrase el vuelo Madrid-Londres lo puedo perder.
Al final despegamos y sobre el Golfo de Vizcaya ya comienzo a mirar el reloj cada cinco minutos. No me va a dar tiempo, pienso.
Llegamos a Londres y cuando tengo que entrar en las terminales de vuelos internacionales, hay una cola inmensa. Por lo menos quinientas personas llenando el hall londinense mientras unas azafatas intentan poner calma. De repente, veo que una azafata comienza a hablar con una enorme familia de viejos japoneses, todos con gorra, que me acompañaban en el avión desde Madrid y comienzan a abrirles paso especial porque si no, no llegan al vuelo a Tokyo. Yo me meto dentro del grupo y todos los occidentales del hall me miran mal, porque soy el unico no asiático en el grupo de los abuelos. Pensarán que me he colado, pero nadie dice nada, hasta que de repente aparece una azafata de Heathrow de la nada y me impide pasar, mientras grita "Stop!! Stop!!".
Los del hall ya comienzan a murmurar, los abuelos se están alejando y se está montando a mi alrededor un follón de mil cojones cuando quedan menos de 7 minutos para que salga mi vuelo a Tokyo. Finalmente, consigo explicarle que REALMENTE voy a Narita, Tokyo y me dejan pasar. Y consigo llego con la mochila, el portátil, el anorak y todo lo que no me cabe en la maleta o no quiero dejar ahí, a toda hostia, al avión, tras los últimos tres avisos de advertencia, cuando ya estaban a punto de cerrar las puertas.
Al final, rodeado de decenas de escolares nipones que viajan conmigo en el avión, consigo relajarme y respirar aliviado mientras ascendemos y dejamos atrás Londres, sobrevolando el Canal de La Mancha hacia el Este. Siempre hacia el Este.

Buen comienzo, queria que tuvieras un comentario.
Espero que pronto tengas muchos más.
Ánimo Ropezu-kun!!!!
hola!
está muy bien la página, espero que la actualices a menudo, con más fotos y eso. Pero nada, no hay prisa, cuando tengas tiempo.
Por cierto... ¡FELIZ CUMPLEAÑOS! estamos esperando a que nos llames para hablar contigo.
cinco besos, 4 maullidos y un guau, de Los Imperdibles!
Oye las fotos estan muy bien, sobretodo lo de la ventana con los alambres; pero echo de menos tu super estanteria de fabricancion casera. Porque no le saca una foto?
Sigue escribiendo que te explicas siempre mejor que hablando, deformación profesional de novelista? jiji
Bss